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Cinematografía

Sobre películas, series, documentales

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The Chosen, la famosa serie sobre la vida de Jesucristo sigue batiendo récords, y ha dejado de ser una sorpresa para convertirse en un producto absolutamente consolidado: lleva más de 600 millones de visualizaciones en 200 países, y está subtitulada en 62 idiomas. En total, se prevén siete temporadas, con un total de 50 capítulos. Se estrena ahora la cuarta, que trae varias novedades. La principal es que los productores han decidido proyectarla primero en salas de cine, antes de su salto a las plataformas.

Los pequeños amores lidera esa corriente revolucionaria del cine español que sugiere una relectura de la vida familiar, con personajes matizados que apuestan por reformar la casa antes que tirar todo un edificio..

Alain Fitoussi y Bouli son dos timadores de barrio que se unen a Jérôme Attias, un rico parisino de las altas finanzas, para estafar al Estado francés el IVA de transacciones con fines medioambientales. El responsable de descubrir el funcionamiento de este negocio ilegal es Simon Weynachter, un inspector de aduanas y  exjuez que no se dará fácilmente por vencido.
El responsable de esta serie es Xavier Giannoli

Tras el éxito de Tierra Santa. El último peregrino y Corazón de padre, Andrés Garrigó y Pablo Moreno vuelven a repartirse la dirección de otro sólido documental. El segundo ha dirigido las recreaciones de las apariciones de la Virgen de Guadalupe (Angélica Chong) al indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin (Mario Alberto Hernández), en 1531, en el cerro del Tepeyac, y de los esfuerzos del ahora santo para convencer al obispo de México, fray Juan de Zumárraga. Bien ambientadas e interpretadas con frescura, esas recreaciones siguen textualmente la transcripción en lengua náhuatl que se hicieron poco después de los hechos, cuyo tono íntimo y maternal, casi infantil, quizás chirríe a alguno, pero conmoverá a numerosos espectadores.

LA GRANDEZA DE LA VIDA

1h 38’ Romántico, drama, año 2024

Se pude ver en Movistar+

Un recorrido por el último año de vida del célebre escritor Franz Kafka, el año en el que conoció a su gran amor, la bailarina polaca Dora Diamant, en el verano de 1923. Kafka y Diamant se conocen por casualidad en una playa de la costa del Mar Báltico, ambos se reencuentran una y otra vez, empiezan a hablar y el amor nace entre ellos, sin embargo, este romance tiene fecha de caducidad.

EL VIEJO ROBLE

1h 53’, cine social. Reino Unido

Se puede ver en Movistar+

La película narra el futuro del último pub que queda, The Old Oak, en un pueblo del noreste de Inglaterra, donde la gente está abandonando la tierra a medida que se cierran las minas. Las casas son baratas y están disponibles, por lo que es un lugar ideal para los refugiados sirios.

TESTAMENT

1h 20’, cine social

Se puede ver en Adso films y Movistar+

Jean-Michel Bouchard, un jubilado de 70 años que vive voluntariamente retirado en una residencia, se encuentra fuera de lugar en el mundo actual. Sin embargo, su mirada estoica sobre la vida le hace sentir que debe vivir nuevas experiencias.

LA ESTRELLA AZUL

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2h 9’, biográfico

Se puede ver en Filmin y Movistar+

Años 90. Mauricio, un famoso rockero español recorre Latinoamérica buscando reencontrarse con su vocación. Allí conoce a Don Carlos, un anciano músico en horas bajas que, a pesar de ser autor de algunas de las canciones más famosas del folclore de su país, apenas consigue pagar sus facturas. Carlos acoge con generosidad al extraño visitante haciendo las veces de maestro Miyagi musical. De su encuentro nace un extravagante dúo quijotesco, con todos los visos de ser un absoluto fracaso comercial.

Se non e vero e ven trobato

“Emilia Pérez” ofendió a México… y después a todos • JUAN CARLOS CARRILLO CAL Y MAYOR • CFR.ACEPRENSA 11 FEBRERO 2025

“Se compran colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas…”. Son las palabras de una mala grabación que, reproducida en cientos de camionetas de carga, se ha convertido en uno de los sonidos icónicos de la Ciudad de México. Así empieza (acompañada de música instrumental con sintetizadores) Emilia Pérez, película francesa, aunque hablada en español y situada en México, que desde el género musical cuenta la historia de un narcotraficante que decide cambiar de sexo.

Más allá de la cinta en sí, la polémica que ha generado –tanto antes como después de recibir nada menos que 13 nominaciones al Oscar– la ha convertido en un claro ejemplo de las inconsistencias de la cultura woke.

Primer acto: “Quién soy, no lo sé, soy lo que siento”

A pesar de su inicio tan “chilango” (como se denomina a quienes vivimos en la Ciudad de México), pronto la historia de la abogada Rita Mora Castro (Zoe Saldaña) que es buscada por el narcotraficante Manitas del Monte (Karla Sofía Gascón) para que le ayude en su cambio de sexo y convertirse en Emilia Pérez, engañando así a su esposa Jessi (Selena Gomez), va descarriándose en su discurrir sobre la situación en México. Así, el primer público descontento fue precisamente el mexicano. En primer lugar, por la pronunciación de los personajes que hablan español (supuestamente mexicano) con acentos extranjeros. Después salieron a la luz unas lamentables declaraciones del director Jacques Audiard, diciendo que dirigió la película en el idioma español, que él no maneja, porque lo considera «un idioma de países modestos, de pobres, de migrantes».

También la industria cinematográfica de México reaccionó con descontento. Estamos hablando de un país que produce más de 200 películas anuales, que es el número cuatro en taquilla mundial (después de China, India y Estados Unidos), con la tercera mayor cadena de cines a nivel mundial (Cinépolis), y de donde han salido directores como Alejandro G. Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, además de otros talentos como la actriz Salma Hayek, los actores Gael García Bernal y Diego Luna, o los directores de fotografía Emmanuel Lubezki y Rodrigo Prieto. Pues bien, para hacer esta cinta sobre México no se involucró a nadie de la industria mexicana. De las tres actrices principales, una es de Nueva York de padres dominicanos (Zoe Saldaña), otra, de Texas con abuelos mexicanos (Selena Gomez), y la tercera, de España (Karla Sofía Gascón). Su acento las delata. Por cierto, que Gascón ya era un personaje muy conocido en México antes de su cambio de sexo, por su papel de villano interesado (y mexicano oriundo de Puebla que finge ser español) en la exitosa comedia mexicana Nosotros los Nobles (2013).

El principal motivo de indignación en México ha sido el frívolo acercamiento a la tragedia de los desaparecidos por el narcotráfico

Sin embargo, la mayor indignación que provocó esta película en México fue por cómo aborda el drama de los desaparecidos en el país. Más de 115.000 personas se han reportado como desaparecidas en México (la mayoría, víctimas del narcotráfico) desde 1952 hasta mediados de 2024, y la tasa anual ha venido incrementándose sobre todo a partir del 2006, en que el gobierno empezó a enfrentar al narco directamente. El drama de personas en su mayoría desaparecidas como víctimas de la violencia del narcotráfico ha suscitado una serie de programas sociales y de ONGs de buscadoras y buscadores de sus familiares. Se trata de una situación que han abordado películas mexicanas recientes como Sin señas particulares (Fernanda Valadez, 2020), Noche de fuego (Tatiana Huezo, 2021), La Civil (Teodora Mihai, 2021), Ruido (Natalia Beristáin, 2022) o Sujo (Fernanda Valadez y Astrid Rondero, 2024). Lo indignante no es sólo tratar este problema en un musical o hacerlo sin haber investigado mucho sobre ello (como también reconoció el director), sino que en la trama de la película es el propio ex narcotraficante, ahora Emilia Pérez, quien más ayuda a solucionar este problema, por supuesto sin asumir su responsabilidad en haberlo generado. Esto minimiza a todos los que hoy mismo luchan con ese problema en México. Audiard ha llegado a afirmar que “nunca se había hablado tanto en México de los desaparecidos”.

Segundo acto: “Cambiar la sociedad lo cambia todo”

Emilia Pérez es una película de Netflix. El gigante del streaming, que ha revolucionado la industria audiovisual ganando todas las batallas, busca con esta apuesta el único logro que le han negado: el Oscar a mejor película. Ha estado cerca, con cintas como Roma, de Alfonso Cuarón, o El Irlandés, de Martin Scorsese, pero la Academia aún no le concede ese honor, que será su validación oficial en el Olimpo del cine. Y parecía que el corte transgresor, vanguardista y abiertamente woke de la cinta –hagiografía de un narcotraficante transexual– había logrado lo deseado, al alcanzar 13 nominaciones al Oscar, situándose como la clara favorita. Algo ya cuestionable, pero tampoco sorprendente si se lee como una respuesta de Hollywood hacia un nuevo mandato, de corte conservador, de Donald Trump.

Netflix quiere ofrecer a Gascón como chivo expiatorio para seguir optando al Oscar a mejor película, pero “Emilia Pérez” ya se ha vuelto tóxica

Sin embargo, el tablero se volteó cuando Karla Sofía Gascón generó una tormenta perfecta de relaciones públicas. Tras hacer historia como la primera mujer transexual en ser nominada al Oscar (a mejor actriz, por supuesto), Gascón se colocó en el ojo del huracán cuando salieron a la luz antiguos tuits suyos de corte racista e islamófobo, junto a otros en los que criticaba incluso a su compañera Selena Gomez y a la propia Academia. Gascón –quien unos días antes también había sugerido en una entrevista que estaba siendo atacada por el equipo de campaña de otra de las nominadas, la brasileña Fernanda Torres– procedió a borrar su cuenta de X (antes Twitter) y a hacer intentos por salir del fango, que no han hecho más que hundirla más. Y es que decidió actuar por su cuenta –por ejemplo, concediendo una entrevista de más de una hora a CNN– sin coordinarse con Netflix. La empresa la ha castigado retirándola de la campaña de premios y cortándole todo financiamiento. A continuación, todos se han desentendido de ella, desde el propio director Audiard, que ha dicho que ella está siendo “autodestructiva”, hasta el Ministro de Cultura de España, entre otros.

Tercer acto: “Si es un lobo, siempre será un lobo”

Desde Los Ángeles, la percepción es que Netflix ha ofrecido a Karla Sofía Gascón como chivo expiatorio para intentar salvar el barco y conseguir la añorada estatuilla. Al fin y al cabo, la Academia se compone de unos 11.000 votantes, todos ellos miembros de la industria; sin embargo, el problema es que la película se ha vuelto ya en sí misma tóxica. En México, mientras tanto, la cinta –que tardó en estrenarse– ha sido duramente castigada dejando las salas vacías, y al día de la publicación de este artículo no puede verse aún en Netflix (a pesar de que es una película original de la empresa, disponible en otros países desde noviembre).

Es irónico que el planteamiento antropológicamente más problemático de la película –su tesis de que una persona pasa a ser buena por haber cambiado de sexo, y se le debe reconocer así sin importar su pasado– sea precisamente el argumento que ha blandido Gascón para ser absuelta socialmente… y que no haya sido perdonada, ni siquiera por quienes hicieron la propia película. Hemos llegado al punto en que la serpiente woke se muerde su propia cola. Habrá que ver si todo esto le hará perder el Oscar a Emilia Pérez, o si será un argumento más de descrédito de los todavía relevantes premios de la Academia.

 

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striming

Montevideo.— En los últimos años, el streaming ha cambiado radicalmente la manera en que el público consume contenido audiovisual y musical en todo el mundo. América Latina no representa la excepción, pero en esta región el fenómeno tiene particularidades que lo diferencian de otras partes del mundo. La transformación afecta tanto a la industria cinematográfica, a la televisión tradicional, como a la producción de música, generando oportunidades y desafíos en un sector en constante evolución.

A nivel global, el impacto del streaming se ha manifestado de diferentes maneras. En Estados Unidos y Europa, por ejemplo, la recuperación de las salas de cine ha sido más rápida que en América Latina, gracias a estrategias de mercadeo agresivas y el atractivo de experiencias premium, como pantallas IMAX y butacas de lujo.

En Asia, el fenómeno resulta ser aún más interesante. Corea del Sur ha logrado equilibrar el crecimiento del streaming con una industria cinematográfica local sólida, mientras que en India, plataformas como Netflix y Amazon han adaptado su catálogo a los gustos del público local, permitiendo la coexistencia de Bollywood y el streaming.

Peculiaridades latinoamericanas

Latinoamérica enfrenta retos propios. Uno de ellos es la brecha digital: si bien el acceso a internet ha crecido, todavía hay sectores de la población que tienen dificultades para acceder a plataformas de pago. Esto hace que el streaming gratuito, como YouTube o TikTok, sea una opción más viable para muchos consumidores. Además, las economías inestables de algunos países afectan la capacidad de los usuarios para mantener suscripciones mensuales en múltiples servicios.

Aun así, la llegada de plataformas como Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ y Max (HBO) ha modificado profundamente el comportamiento del espectador. Antes de la pandemia, las salas de cine aún mantenían una fuerte presencia en la vida cultural de muchos países latinoamericanos, con estrenos taquilleros que llenaban las butacas. Sin embargo, el confinamiento obligatorio impuesto en 2020 en varias naciones obligó a cerrar los cines por meses y aceleró la digitalización del entretenimiento.

Desde entonces, la recuperación de las salas de cine ha sido desigual. En países como México, Argentina y Brasil, la asistencia aún no ha alcanzado los niveles prepandemia, mientras que, en otros mercados, como Colombia y Chile, la afluencia ha mostrado signos de estabilización. No obstante, la tendencia general parece ser una preferencia creciente por ver películas en casa.

Latinoamérica va camino de ser la región con más oyentes de podcasts en el mundo

Además, el modelo de distribución ha cambiado. Antes, las grandes producciones de Hollywood tenían una ventana exclusiva en cines y solo después pasaban al formato doméstico. Hoy en día, muchas películas llegan casi simultáneamente a las plataformas de streaming o tienen estrenos híbridos, lo que reduce la necesidad de acudir a las salas. Algunos cineastas y productores han manifestado su preocupación por esta transformación, argumentando que afecta la experiencia cinematográfica y pone en riesgo la rentabilidad de los estrenos en la pantalla grande.

Un impulso a la producción audiovisual

Si bien el streaming ha reducido la asistencia al cine y los espectadores de los canales de televisión tradicional, también ha significado una explosión en la producción de contenido en América Latina. Plataformas como Netflix han apostado fuerte por series y películas locales, reconociendo el potencial del mercado. Producciones como La Casa de las Flores (México), El Reino (Argentina) o Pablo Escobar, el patrón del mal (Colombia) han demostrado que hay una audiencia global para el contenido en español y portugués.

En 2023, los ingresos del sector en América Latina superaron los 7.000 millones dólares. Para 2027, además, se estima que la región alcanzará 139 millones de suscripciones; y ese mismo año, América Latina será la región con más oyentes de podcasts en el mundo, según el sitio web especializado en estadísticas Statista.

Las ventajas del streaming son claras: mayor visibilidad para creadores locales, acceso a financiamiento de compañías internacionales y la posibilidad de llegar a audiencias fuera de la región. Esto ha dado lugar a un auge de la industria audiovisual en países como Argentina, Colombia y Brasil, con productoras que han logrado acuerdos con gigantes del entretenimiento.

Un informe de la consultora Sherlock Communications, que destaca la creciente popularidad de las plataformas de streaming en la región, impulsada por la alta penetración de internet y el acceso masivo a dispositivos móviles, subraya que Netflix se presenta como la plataforma líder, con más de 43 millones de suscriptores en América Latina, lo que representa una cuarta parte de sus abonados a nivel mundial. Esto concuerda con datos de Statista que señalan que más del 70% de los suscriptores de Netflix se encuentran fuera de Estados Unidos.

Los latinoamericanos, continúa el reporte de Sherlock, dedican en promedio 3 horas y 12 minutos al día a ver contenidos en streaming, ligeramente menos que los estadounidenses, que promedian 3,5 horas diarias.

Sin embargo, no todo es positivo. Algunos críticos señalan que, si bien el streaming ha generado más oportunidades de producción, también ha impuesto nuevas dinámicas que pueden ser desafiantes para los creadores. La presión por generar contenido masivo y de alto impacto puede reducir la diversidad de propuestas, privilegiando fórmulas comerciales por sobre narrativas más arriesgadas o independientes.

La televisión busca su lugar

Mientras tanto, los canales de televisión tradicionales buscan adaptarse para mantener y ampliar su cuota de mercado. De acuerdo a los analistas, las compañías que prioricen la producción de contenido local, optimicen la experiencia móvil y ofrezcan precios accesibles tendrán mayores posibilidades de consolidarse en este ecosistema en constante evolución.

El avance del streaming impacta directamente en la televisión convencional, que enfrenta crecientes desafíos para mantenerse relevante, especialmente entre los espectadores más jóvenes. Las plataformas han captado la atención de ese público, más inclinado a consumir contenido bajo demanda y a través de dispositivos móviles. Esta tendencia refuerza la pérdida de relevancia de la televisión tradicional en segmentos clave de audiencia.

“Los días en los que se tenía que estar a tiempo frente al televisor para sintonizar el programa favorito han quedado en el pasado – comenta el sitio Statista–. Poco a poco, los servicios de video por streaming se han apoderado del mercado del entretenimiento en América Latina. En 2024, por primera vez en la historia, el número de suscriptores de servicios de video vía streaming duplicó el de abonados a la televisión paga, alcanzando una cifra de 110 millones de usuarios. Los servicios de video por streaming, también llamados servicios over-the-top (OTT) transmiten contenidos multimedia directamente a los espectadores a través de internet, sin depender de la televisión por cable, red o satélite”.

El “streaming” ha sido clave para la expansión global de la música latina

Ante este panorama, las cadenas de televisión han comenzado a implementar estrategias de convergencia digital para no quedar rezagadas. Empresas como Televisa, de México, y Globo, de Brasil, han lanzado sus propias plataformas de streaming –ViX y Globoplay, respectivamente–, en un intento por competir en un mercado cada vez más digitalizado.

A pesar del declive, la televisión tradicional aún mantiene una ventaja en la producción de contenido local, especialmente en noticias y eventos deportivos en vivo. No obstante, las plataformas de streaming han comenzado a invertir en producciones originales dirigidas al público tradicional de la televisión, lo que refuerza la competencia y redefine el ambiente del entretenimiento en América Latina.

La música latina y su dominio global

El impacto del streaming no se ha limitado al cine, las series y la televisión. En el mundo de la música, plataformas como Spotify, Apple Music y YouTube han revolucionado la manera en que los artistas distribuyen y monetizan su trabajo. Esto ha sido clave para la explosión global de la música latina.

Géneros como el reguetón, la cumbia y la música urbana han alcanzado niveles de popularidad sin precedentes. Artistas como Bad Bunny, Karol G, Rauw Alejandro y Bizarrap han logrado millones de reproducciones en todo el mundo, dominando listas de éxitos y encabezando festivales internacionales. Esto habría sido impensable en la era del CD o incluso en la época de las descargas digitales, cuando la música latina tenía menos visibilidad en los mercados anglosajones.

Además, el modelo de negocio ha cambiado. Antes, los artistas dependían en gran medida de las discográficas para promocionar su música y acceder a audiencias globales. Hoy, las redes sociales y las plataformas de streaming permiten que cualquier músico con talento y estrategia digital pueda alcanzar el éxito sin necesidad de un sello discográfico.

De acuerdo al portal Statista, los ingresos de esta industria en la región alcanzaron los 96.000 millones de dólares en 2023, y se prevé que esta facturación llegue a los 116.000 millones de dólares en 2027. “Esta tendencia también se ha replicado en las cifras de Spotify, que registró un crecimiento del 55% en el número de usuarios mensuales activos a finales del 2023. Otras aplicaciones populares entre los latinoamericanos son YouTube, Apple Music y Google Music”, asegura.

No obstante, la monetización del streaming sigue siendo un tema de debate. Si bien los artistas pueden llegar a más personas, los pagos por reproducción son relativamente bajos, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre la sostenibilidad del modelo para músicos emergentes.

De este modo, el panorama del entretenimiento en América Latina sigue en evolución. La competencia entre plataformas es feroz, y muchas han optado por estrategias agresivas para captar suscriptores, como promociones de bajo costo, producción de contenido local y alianzas con operadores de telefonía. La región enfrenta el desafío de aprovechar al máximo esta transformación, garantizando que el crecimiento del streaming beneficie tanto a la audiencia como a los creadores de contenido. (Cfr Aceprensa 5.III.25 Pedro Dutour)

 
 

Tras el éxito de “The Chosen”, Hollywood redescubre la Biblia… y al espectador creyente

El arrollador éxito de The Chosen, la serie que recrea la vida de Jesús y sus apóstoles, ha confirmado que existe un público interesado en el cine apellidado como cristiano. Hollywood ha tomado nota y las plataformas de streaming han empezado a firmar acuerdos para llevar a sus catálogos historias inspiradoras, muchas de ellas extraídas directamente de la Biblia.

“The Chosen no es una religión, ni una confesión, ni una iglesia… es simplemente una serie”. Esta frase que utiliza Paula Vega, community manager de la serie en España, cuando la gente plantea pegas teológicas o se posiciona a favor o en contra de la producción como si fuera un asunto de fe, es verdadera sólo en parte. Está claro que The chosen no es una religión, ni una iglesia… pero también está claro que no es “simplemente” una serie. 

The Chosen es un fenómeno desde el punto de vista cinematográfico, de la comunicación, del marketing y, por supuesto, de la evangelización. Y para demostrarlo, basta repasar los números. La serie, que se estrenó en 2017, va ya por la quinta temporada y se han anunciado otras dos. En total, tendrá 56 capítulos. Hasta la fecha acumula más de 200 millones de espectadores, y la campaña de crowdfunding que ha acompañado al proyecto desde su estreno ha recaudado alrededor de 100 millones de dólares. ¿Más cifras? La serie ha sido traducida a más de 120 idiomas –es la serie más traducida de la historia– y el objetivo, según manifiesta Kira McCracken, vicepresidenta de desarrollo de Come and See Foundation, que es la encargada del impulso de The Chosen, es llegar a 600 idiomas para que mil millones de personas puedan conocer la figura de Jesucristo en su lengua materna.

Al margen de estos datos, The Chosen ha demostrado ser un producto típico de la sociedad digital. Los seguidores de la serie en redes sociales se cuentan por millones (la mayoría, muy jóvenes), y son cientos los productos que han generado estos mismos followers a raíz de esta recreación de los Evangelios; desde podcast y vídeos de Youtube comentando episodios de la serie, hasta material catequético o incluso cuentas de Instagram dedicadas a memes de The Chosen. Por otra parte, a medida que ha ido avanzando la popularidad de la serie –y las temporadas–, la estrategia de promoción se ha hecho más ambiciosa. La quinta temporada celebró su estreno con premieres multitudinarias en ciudades como Madrid, Dallas, Nueva York, São Paulo o Ciudad de México.

Luces, cámara… Y Evangelio

Pero la influencia de The Chosen supera lo que muestran sus números, porque, a la sombra de su éxito, la industria del cine en general, y Hollywood en particular, están siendo conscientes de que cada vez hay más espectadores dispuestos a ver “contenidos cristianos”, y que, como señala Jon Erwin –director y productor de películas como October baby o La canción de mi padre–, estos espectadores forman  “una audiencia enorme… y desatendida”. 

Podría añadirse que desatendida… hasta ahora. Porque la realidad es que hoy muchas plataformas cuentan en sus catálogos con películas destinadas a este público. Basta darse una vuelta por la etiqueta “espiritual” de Netflix, Prime video o Acontraplus, un proyecto más modesto y reciente pero que, desde sus comienzos, ha dado mucha importancia a este tipo de cine y fue, de hecho, la primera plataforma en acoger The Chosen en su catálogo.

Jonathan Roumie con unas fans a su llegada a la “première” de la temporada 4ª de “The Chosen” en Londres, enero de 2024 (foto: Redshoot Photography)

También bajo la sombra de The Chosen, las plataformas han sido conscientes de que la Biblia puede ser una fuente de guiones y se han puesto manos a la obra, que en este campo significa, entre otras cosas, buscar alianzas para sacar títulos adelante. En el caso de Netflix, ha firmado un acuerdo con Tyler Perry, un actor y magnate del entretenimiento multimillonario y ferviente cristiano, y con DeVon Franklin, productor y predicador de la iglesia adventista del séptimo día, para realizar producciones de temática cristiana. La primera –que Netflix estrenará en breve– es RyB, una actualización de la historia de Ruth y Booz narrada en el Antiguo Testamento. 

Por su parte, Amazon Prime Video acaba de estrenar la primera temporada de la serie La Casa de David, basada en la historia del rey David. La serie atrajo a 22 millones de espectadores en sus 17 primeros días, así que la plataforma ha firmado ya la segunda temporada. En este caso, su socia en el proyecto ha sido la productora Wonder Project, un estudio independiente que tiene como objetivo impulsar películas y series de calidad que sean inspiradoras. Detrás de Wonder Project están el cineasta Jon Erwin y Kelly Merryman Hoogstraten, una ex ejecutiva de Netflix y YouTube que tiene muy claro el tipo de cine que quiere como espectadora y productora. Merryman es madre de tres hijos y confiesa que le encantaría poder compartir más tiempo con ellos viendo películas y series: “La transición al streaming en los últimos 20 años nos ha llevado a ver nuestra propia pantalla con los auriculares puestos. Y ya no vemos la narración y la televisión como una actividad comunitaria. Y realmente quiero volver a eso, y mi familia lo necesita”. 

Merryman también explica que, a menudo, Hollywood habla de la fe como un género, mientras que ella prefiere pensar en un público. “Cuando lo pensamos como público, vemos que estos espectadores buscan todo tipo de géneros que inculquen la fe y los valores, pero que cuenten historias amplias”. Es decir, no se trata de hacer películas catequéticas con un idéntico esquema, sino de crear dramas, comedias, romances o aventuras a partir de historias que puedan ser inspiradoras. The Chosen vuelve a ser un buen ejemplo: es una serie construida exactamente con los mismos elementos narrativos que cientos de series. Unos personajes, unos conflictos y unas tramas internas, externas y de relación (de crecimiento, de aventuras, de rivalidad o de amor). Esto es lo que emociona y funciona. Lo subrayan todos los manuales de guion. 

Desde dentro de la industria

Uno de los aspectos que resultan novedosos en este boom del cine cristiano es el alto nivel de producción. Y quizás este nivel es lo que esté marcando la diferencia. El creador de The Chosen, Dallas Jenkins, lo explica con claridad: “Los espectadores fieles de las historias bíblicas a menudo perdonan producciones más pobres, pero la alta calidad de producción permite llegar a un público más amplio”. Con otras palabras, al público convencido se puede llegar con menos presupuesto, pero si quieres evangelizar, si quieres acercar la figura de Jesucristo a millones de personas no creyentes –y este tipo de producciones tienen un indisimulado objetivo apostólico–, hay que invertir un poco más en vestuario, decorados, fotografía y banda sonora. John Erwin lo explica de otra manera, señalando que los creadores de este tipo de producciones necesitan libertad y recursos. 

En cualquier caso, lo que se percibe en quienes están liderando esta tendencia es que son profesionales del cine y que hablan el mismo idioma de la industria. Muchos de ellos se han lanzado a la aventura de producir después de dirigir películas, de actuar, de escribir decenas de guiones, de liderar divisiones de Sony, ser CEO en compañías de entretenimiento o dirigir estrategias digitales en Youtube. Ninguno es un aficionado ni un recién llegado.

Y la profesionalidad llama a la profesionalidad. El éxito de público y la calidad de los productos hace que otros artistas se involucren con más facilidad en este tipo de proyectos, compartan o no las creencias. Ha ocurrido en The Chosen con la colaboración de la fotógrafa Anne Leibovitz, que ha sido la encargada de retratar a los personajes de la serie y realizar el póster de la quinta temporada. Y ha ocurrido con King of the Kings, la película de animación de Angel Studios (la productora de The Chosen) que se estrenará el viernes 11 de abril en Estados Unidos. El espectacular reparto incluye, entre otros, las voces de Kenneth Branagh, Uma Thurman, Pierce Brosnan, Forest Whitaker, Ben Kingsley y Oscar Isaacs. Podría sorprender esta acumulación de estrellas tratándose de una película sobre la vida de Cristo y, por lo tanto, netamente religiosa. Sorprende menos cuando se sabe que el guion parte del texto que Charles Dickens escribió para sus hijos. Y no sorprende nada cuando uno ve el trailer, percibe la calidad cinematográfica del proyecto e intuye el efecto que tendrá la película en la taquilla –especialmente entre el público joven– y en los premios, Oscar incluidos.

Hay futuro

Empezamos con The Chosen… y terminamos con The Chosen. Porque hablar del futuro próximo del cine religioso supone hablar de las dos temporadas anunciadas (la sexta abordará la Crucifixión y la séptima, la Resurrección) y de los proyectos que el propio Dallas Jenkins ha anunciado: una serie centrada en los Hechos de los Apóstoles, otra –de tres temporadas–, en Moisés y su paralelismo con Jesús, otra dedicada a José y otra de animación de 14 capítulos pensada para los más pequeños, Las Aventuras de The Chosen, que partió del episodio de la serie en la que Jesús se encontraba con un grupo de niños y que es uno de los capítulos más alabados por la crítica y el público. Además de una especie de “supervivientes” protagonizado por el elenco de The Chosen.  

Lo dicho… no es una religión, pero tampoco una serie. Es el catalizador de una tendencia de la que, seguro, seguiremos informando. 

También hablaremos, cuando se concreten sus fechas de estreno, de tres películas de tema bíblico que están rodando directores consagrados, y que con toda probabilidad tendrán gran repercusión. En primer lugar, La Pasión de Cristo: Resurrección, la secuela que Mel Gibson está preparando para dar continuidad a su anterior filme, y que, en sus propias palabras, quiere abordar la lucha entre el bien y el mal tras la muerte de Cristo. En segundo lugar, una vida de Jesús que hace unos años anunció Martin Scorsese (aún no hay nombre oficial, pero está basada en una novela titulada A Life of Jesus, del mismo autor japonés de quien adaptó su obra Silencio). El rodaje se ha retrasado, aunque el director ha reiterado su compromiso de terminar la película. También se está dilatando Way of the Wind, un proyecto de Terrence Malick que recrea algunos episodios de la vida de Jesús. Aunque está grabada desde 2019, parece que el director de El árbol de la vida se está demorando en la edición. Algunos periodistas de cine apuntan a finales de 2025 o comienzos de 2026 como fecha de su estreno. (cfr: Ana Sánchez de la Nieta, Aceprensa 10, abril, 2025)

 

Adolescencia, un análisis de la serie de moda

Ha sido demoledor el éxito de la miniserie “Adolescencia”. Su excelente guion, realización y actuación son parte relevante de ello, pero, sobre todo, el tema atrapa, conmueve y lleva a una profunda reflexión que ha de llevarnos a la acción.

Hay controvertidas posturas frente a ella yo voy a concentrarme en el mensaje que recibí de forma personal.

Me he dedicado por 30 años a la orientación familiar y he visto el cambio radical en las problemáticas que presentan las familias. En los matrimonios, las separaciones y divorcios se multiplican. Ambos padres, aun cuando estén juntos, trabajan tantas horas al día y tienen tantos compromisos sociales o de negocios que se convive poco, realmente muy poco, con los hijos.

Una distracción de la que no somos conscientes

En ausencia de los padres, se ha ido robando la inocencia de nuestros niños prácticamente sin que nos demos cuenta. Dicen los magos que hacen sus trucos a través de la distracción. Procuran que el espectador vea otra cosa, que se concentre en otra dirección, mientras el mago quita o pone aquello con lo que nos impresionará.

¿Qué es lo que nos distrae de nuestra labor educativa? ¿Qué nos está apartando del camino de la realización plenamente humana que pasa por forjar nuestro carácter en el seno de la familia?

Para el año 2000, las consecuencias de esta tendencia en nuestros hijos se veían graves: incremento de trastornos alimenticios, híper sexualización del ambiente, promoción de sexo prematuro “con protección”, aumento en el consumo de sustancias (alcohol y drogas). Para 2020 estaban puestas las bases de una devastación emocional y moral en las almas de nuestros adolescentes que se agravó con el impacto de la tecnología. Los consultorios se llenan con adolescentes que tienen francas adicciones digitales. La gran mayoría enfrenta presión social por tener una imagen perfecta, o la vida perfecta. Aumentan la violencia y el acoso en línea y en la vida real. Incrementan la baja autoestima, la depresión y la ansiedad.

La miniserie a la que me refiero, desvela los graves daños de este abandono en el que se encuentran nuestros hijos. Se refugian en las pantallas, hay poca convivencia familiar, los padres les permiten encerrarse con sus pantallas por horas, se justifican sus malas conductas porque “se sienten” tristes, irritables, enojados… nos olvidamos que dar lugar a los sentimientos, es conocerlos, comprenderlos y elegir sabiamente lo que haremos con ellos; no se trata de dar el control de nuestras vidas a esos sentimientos. Se trata de conocerlos para gestionarlos de la manera más conveniente posible.

La adolescencia y el engaño de la sociedad

Nuestros adolescentes son llamados a experimentar con su cuerpo y se les dice que es normal, se les lleva a practicar tocamientos, a experimentar sensaciones…están viviendo algo para lo que no están preparados integralmente; sus cuerpos reaccionan a estímulos eróticos, pero sus mentes y corazones aún no tienen la madurez para enfrentar los retos de una vida afectivo-sexual activa. No les estamos hablando de su valor como personas, del valor de la sexualidad misma que es tan alto e importante. Platicamos tan poco con ellos, que no nos revelan esos “secretos” de las redes sociales. No sabemos de los lamentables iconos que significan insultos destructivos y lastiman el auto concepto tan incipiente en este periodo de vida.

Nuestra sociedad nos llama vigorosamente al hedonismo y hemos dejado aquellos ideales que nos mueven al heroísmo. La noción de Dios es nula en la serie y en la vida de gran parte de las familias de hoy. Sin Dios, desconocemos la diferencia entre el bien y el mal. El protagonista repetía: “yo no hice nada malo”. Asesinar a una compañera con un puñal no le resultaba malo.

Verdadera reconciliación

La verdadera reconciliación entre hombres enfrentados y enemistados sólo es posible, si se dejan reconciliar al mismo tiempo con Dios, dijo san Juan Pablo II, no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón.

Nuestra fe nos llama a imitar a Cristo, que se sacrificó a sí mismo por amor. Sonó muy fuerte para mí escuchar esta frase: “los padres de familia actualmente no se sacrifican ni siquiera por sus hijos” … pero creo que tiene el peso de la verdad en muchos casos.

No queremos hablar de esfuerzo, de donación y de obediencia a un Dios que nos hizo por amor y para amar. Estamos distraídos y necesitamos amar más, sacrificarnos más, comprometernos más.

Familia, ¡sé lo que eres!

¡Volvamos a casa y demos nuestro tiempo y escucha a esos pequeños que necesitan ser amados y valorados por sus padres! ¡Nada vale más que tu familia! Que nuestros pequeños no necesiten obtener reconocimiento en las redes, que se sientan tan seguros de su valor que no se desbaraten por comentarios temerarios y enfermos. Que juntos, en familia, salgamos a hacer el bien. Que ellos mismos sean agentes de cambio. El Papa Francisco ha dicho a los jóvenes que son la esperanza de la Iglesia y de la humanidad. Les pidió que cambien el mundo como María lo hizo: llevando a Jesús a los demás, cuidando de los otros.

San Juan Pablo II, en su carta a las familias nos recordó la misión sublime que tenemos como padres: encauzar a los hijos para que se forjen como hombres y mujeres de bien. Y nos llamó a hacerlo desde la vida ejemplar, respetándonos mutuamente, viviendo y sembrando la fe, haciendo el bien. Invitó con voz potente: ¡Familia, sé lo que eres! (cfr. Lupita Venegas, revista Omnes, abril, 2025)